7 de junio, Día del Periodista
UNA FRASE QUE DA VERGUENZA AJENA:
"NO HAGO PERIODISMO DE PERIODISTAS"
Perdón por tomar la primera persona, pero pocas cosas me dan más vergüenza ajena, que escuchar a mis colegas diciendo "no hago periodismo de periodistas". Esa posición frente a la profesión, me resulta no sólo molesta -lo cual sería lo menos importante ya que en todo caso sería una apreciación de gustos-, sino la aplicación lisa y llana del silencio como defensa corporativa. Y es intolerable, por lo menos desde mi punto de vista. No recuerdo que -o tal vez habría faltado a esa clase y no fue pregunta de examen-, en la materia Deontología Profesional, es decir la ética de las profesiones, me hayan enseñado que la defensa corporativa es un mandamiento a cumplir.
¿Qué es el periodismo? Hay tantas definiciones, que no vale la pena centrarnos en ella. Pero sí hay que dejar en claro, que se hace periodismo de la gente, por la gente y para la gente. Porque siempre está la gente, es como el sol, "aunque no lo veamos, el sol siempre está". Si nos referimos a una persona, es gente. Si hablamos de una institución, está integrada por gente. Si estamos haciendo la crítica de una película, libro, canción, obra de arte... y lo que se nos cruce, siempre fue hecha, realizada, creada, producida por personas y destinadas a que sea vista, leída, escuchada o apreciada por otras personas. Y dentro de la gente y de sus obras, también se incluye a los periodistas y a sus producciones. Entonces, ¿Por qué tenemos que estar afuera de los alcances de nosotros mismos, es decir de los periodistas? En treinta y tres años de profesión, no vi a ningún periodista que lleve una corona en la cabeza, pero sí a muchos que se creían y se creen intocables, todopoderosos, infalibles, insustituibles fiscales de la vida y de la obra ajena. Tener un pasado glorioso, no amerita un presente lleno de verdades ni un futuro promisorio. No autoriza a seguir el viejo postulado periodístico jocoso, pero no siempre dicho con humor: "que la verdad no te impida hacer una buena nota". Las desmentidas y aclaraciones, no tienen nunca la misma trascendencia de lo erróneo o de la mentira -según sea- ya dicha, en especial si no sale en los multimedios poderoso. La "chapa" -como hoy las camisetas de los clubes de fútbol más poderosos no garantizan el triunfo sobre los más humildes-, no es sinónimo de ser transmisor de verdades incuestionables. Pertenecer al mayor multimedios de la Argentina, no transforma al periodista en un ser inmune, más aún cuando la historia dice que a los poderosos, poco les importa sus súbditos, cuando ya no les sirven o luego de cumplir la tarea encomendada. Desde mi óptica, es despreciable montar un programa en el canal más importante de la Argentina, en horario central, sólo para fustigar o criticar a alguien, sea persona, institución o ambas. Montar otro en el canal oficial sólo para que sirva como propaganda, no es lo mejor, ni mucho menos, más cuando lo pagamos todos. Pero que un programa emitido por un canal privado, aunque sea en forma indirecta, no terminemos pagándolo todos, es inexacto. ¿Alguien tomó en cuenta de que los programas "líderes" son auspiciados y tienen publicidades que suman montos millonarios y ellos forman parte del costo de los productos que compramos todos los días?
¿Se acuerdan de Bernardo Neustad? Para los más jóvenes, es sólo un nombre. Para los más grandes, un periodista obsecuente con los gobiernos de turno, hasta que los mismos estaban por "caer". Llegó a su máximo esplendor en la década menemistas, gozando de los privilegios del ex Presidente, quien parecía haberlo hecho su vocero. Por sus programas de televisión y radio y también en sus revistas, se sucedía el acontecer político y social de la Argentina. Nadie que quisiera o debiera ser considerado "algo" en la sociedad argentina, escapaba o dejaba de ir a "Tiempo Nuevo", a los largo de sus treinta años de vida. Inmensa gloria de quien se creía el amo de la Argentina, "inmensa decadencia de quien se creía el amo de la Argentina". El fin de sus días lo encontró desterrado de los grandes medios, aliado con gente no muy popular, desparramando lodo y según dicen algunos íntimos, transmitiendo desde un estudio de radio sólo para sí mismo. Parafraseando a Sui Generis, gloria y ocaso de "Un tonto rey imaginario o no".
A las puertas de recordar a Mariano Moreno, el próximo 7 de junio, en el Día del Periodista, no espero que Dios nos haga santos; me alcanza con que nos empeñemos en ser un poco mejor cada día.